Siéntate. Cierra los ojos. Oye esa voz que alumbra a el viento y recuerda ese olor de aquellos azahares del naranjo que alguna vez supiste olvidar. Logra nunca perder de vista a ese niño que viaja recorriendo mundos en su pequeña e inmensa bicicleta. Trata de no perder de vista el alma, la esencia del vivir.
Esperanza al lápiz
jueves, 16 de septiembre de 2010
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