No puedo parar de oír esa oscuridad divina y calurosa, cuando el cielo salpicaba con sus lagrimas sobre aquel pequeño lugar donde compartíamos todo, mis poesías, tus dibujos, mis dibujos, tus poesías, caricias, palabras cómplices dichas al oído.
Que lejos que estamos de esas sonrisas, como las extraño.
Anónimo al lápiz.
viernes, 28 de mayo de 2010
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